ES muy interesante la polémica que se ha montado entre Teresa Rodríguez y los suyos frente a Pablo Iglesias y sus leales (como Monedero y Echenique), por la repercusión que puede tener en Cádiz. En ese partido, movimiento (palabra que suena fatal), o lo que sea, hay varias sensibilidades políticas. También es digno de estudio que funciona por parejas. Primero eran Pablo Iglesias y Tania Sánchez; y ahora son Pablo Iglesias e Irene Montero. Mientras que en Andalucía y en Cádiz siguen siendo Teresa Rodríguez y José María González Kichi. Todos los rifirrafes del chalé de Galapagar y el pisito de La Viña, así como las cartas y comentarios colaterales de Monedero y Echenique, tienen un trasfondo más profundo. Entre los dirigentes de Madrid y los de Andalucía/Cádiz han pasado del amor al odio cainita.
EL hombre (y la mujer, por supuesto) es un ser en permanente evolución, que comete tonterías a lo largo de su vida, de las que se puede aprender para no repetirlas. A eso se llama aprendizaje vital. Pero este no es un artículo de autoayuda, ni yo soy Elsa Punset (que escribió Una mochila para el universo), sino que me refiero a que pasa lo mismo con los alcaldes y alcaldesas. En el caso de Cádiz, el actual inquilino del despacho de San Juan de Dios llegó a la Alcaldía siendo Kichi, en cuyo curriculum lo más populista era que había salido en comparsas con Tino Tovar y Jesús Bienvenido, y que pertenecía al sector Izquierda Anticapitalista de Podemos.
LAS declaraciones que Teófila Martínez realizó en una rueda de prensa, criticando a José María Aznar, han sorprendido, aunque tiene razón. Sorprenden porque es como matar al padre político. Fue José María Aznar quien la aupó como candidata a la Alcaldía en 1995, cuando en su partido hicieron una decidida (y arriesgada) apuesta por las llamadas chicas del PP, a pesar de que no estaba tan de moda el feminismo en las cuotas partidistas. Les salió bien, y así empezó Teófila Martínez sus 20 años como alcaldesa de Cádiz. También fue José María Aznar quien le dio luz verde para los proyectos del soterramiento y el nuevo puente de la Bahía, entre otras actuaciones. Fueron unos años de especial predisposición hacia Cádiz. Siendo malévolos, pero también justos, se puede afirmar que Teófila permaneció 20 años en la Alcaldía gracias (en parte) al apoyo político que le concedió Aznar.
HA resultado enigmático el voto de Ciudadanos a los presupuestos municipales de Cádiz. Hasta el punto de que lo están aireando en otros lugares de España. ¿Qué hace Ciudadanos votando las cuentas de la izquierda? ¿Acaso están ensayando un giro? Albert Rivera se encuentra en el punto más bajo de su relación con Pablo Iglesias, que le ha dado un cobazo enorme, amagando con apoyar una segunda moción instrumental, para así conseguir que el PNV votara a Sánchez y se ahorrara las elecciones. Una jugada maquiavélica de tocomocho, que le salió perfecta a Pablo, a mayor gloria de Pedro, y dejando a Albert con eso mismo al aire. En el caso de Cádiz, lo más raro es que los votos de Ciudadanos no hacían falta para aprobar los presupuestos. Han sido por gusto.
HA manejado tanto los tiempos que al final le han sobrado cinco días. Los días que ha tardado en decir que se va. Era demasiado tarde. Pudo dimitir el jueves o el viernes de la semana pasada, y ahora estaríamos comentando otras historias. La primera y principal para él es que se habría ahorrado asistir a la toma de posesión de Pedro Sánchez. Dicen que Rajoy no dimitió como presidente del Gobierno (en cuyo caso se hubiera cancelado automáticamente la moción de censura), porque pensaba que Sánchez sería investido de todos modos, porque otro candidato del PP tampoco tendría apoyos. Todos los periódicos, y todas las encuestas, pedían elecciones ya, un habla, pueblo, habla. Pero el único interesado era Albert Rivera, que se había creído las encuestas. Los demás también las creyeron, y por eso no quieren pasar por las urnas a corto plazo.