HOY es un gran día de fiesta en Cádiz, como tantos del verano. Tenemos una apasionante final del Trofeo Ramón de Carranza con el formato de supervivencia, un espectáculo playero con coplas de Carnaval y músicas variadas pero sin barbacoas... Y el Mercado Andalusí. Esto último no tiene nada que ver con la visita del embajador de Catar (yo lo escribo así siguiendo la recomendación ortográfica de la Real Academia de la Lengua Española, que prefiere catarlo según se oye). No tiene nada que ver con Catar, porque ellos no van a vender nada en ese Mercado Andalusí, que ha cumplido 20 años y se hizo mayor de edad.

SE debe reconocer el mérito allí donde aparezca. Al alcalde de Cádiz, José María González, se le debe reconocer que practica la cultura del esfuerzo. Recibió al embajador de Catar en España, Mohamed Jaham Al Kuwari, y estaba protocolariamente vestido, con chaqueta y corbata, mientras el embajador llegó sin corbata, quizá por haber escuchado ciertas leyendas urbanas sobre las indumentarias del alcalde. También es verdad que antes los embajadores de esos países árabes vestían chilaba, como si fueran de ‘Los sarracenos’ de Paco Alba, pero ya no. El alcalde evoluciona, que diría Darwin, no sólo revoluciona. Aunque por mucho que evolucione, un anticapitalista no tiene nada que ver con los fondos de inversión de Catar. No obstante, un anticapitalista daría un pelotazo si consigue vender el hotel del estadio. Inversiones más raras se han visto. Aunque no en suelo gaditano.

HAN desaparecido las fronteras locales. Todavía existen los términos municipales, pero la realidad fluye a su manera. Por eso, es curioso que el puerto de Cádiz aspire a tener una terminal ferroviaria de mercancías en Jerez (concretamente en la carretera de la antigua azucarera de Guadalcacín). Esa posibilidad, que ya había esbozado José Luis Blanco, presidente de la Autoridad Portuaria, está planteada y pendiente de que Adif resuelva la licitación. Y lo uno nos lleva a lo otro: si el puerto de la Bahía de Cádiz puede tener una terminal de mercancías en Jerez, también sería razonable que el aeropuerto se denomine Jerez-Bahía de Cádiz. De ese modo, el puerto y el aeropuerto serían de Cádiz y de Jerez; o de Jerez y de Cádiz.

A  la Edusi ya se le atribuye un milagro en Cádiz. Por supuesto, es un milagro ateo, no vaya a ser que Martín Vila la retire de la memoria. Con un milagro, si lo admite el Vaticano, es verdad que la podrían hacer beata; y eso que tendría adelantado la Edusi para que le quiten su nombre a un colegio mayor de la Universidad de Cádiz, si se lo dedican algún día. El milagro de la Edusi guarda alguna relación esotérica con la multiplicación de los panes y los peces; y así, en los antiguos depósitos de la Tabacalera, la Edusi ha conseguido que se construya un complejo, donde va a caber todo: un centro cultural, un centro de empresas, un centro de formación, un centro de turismo, un centro de energías renovables… Es como otro palacio de congresos y una extensión de la Zona Franca, pero en Loreto, dedicado al ocio y al negocio.

A partir de lo ocurrido en el denominado Carnaval de Verano, se ha entablado una polémica peligrosa en Cádiz. Los cubos de agua y las amenazas a una agrupación callejera y a la murga uruguaya ‘La clave’ fueron sucesos aislados. Pero han creado un precedente curioso, que afecta a dos cuestiones de la convivencia en Cádiz (y en otras ciudades). Para empezar, las calles no son sólo de los vecinos, sino que son de todos, y el derecho de los vecinos al descanso se debe aplicar con sentido común y asumir ciertas excepciones en las fiestas. Por otra parte, en ningún caso son tolerables insultos, amenazas o actitudes agresivas.