LOS Juegos Olímpicos de Tokio 2021 están en peligro, después de haber sido aplazados en 2020 por la pandemia. EEUU ha recomendado que sus ciudadanos no viajen a Japón y cada vez hay más presión pidiendo que los cancelen. La gente joven quizá no lo sabe y los mayores quizá lo han olvidado, pero Sevilla fue candidata tres veces a organizar unos Juegos Olímpicos: los de 2004, 2008 y 2012. Bueno, eso se dijo. Posibilidades reales nunca hubo. La candidatura presentaba defectos, entre ellos el transporte público. Una ciudad sin Metro no puede acoger unas Olimpiadas, advertían los entendidos, entre ágape y ágape. Prometieron que construirían un Metro, y ahí está: con una línea como muestra y tres en el limbo. Los Juegos Olímpicos vuelven a la actualidad. Es raro que a Juan Espadas no se le haya ocurrido pedirlos, por si acaso, aunque fueran de segunda mano y fabricados en Japón. Ha perdido la oportunidad de hablar en japonés, y de reforzar su candidatura a la Junta.

EL pasado lunes ocurrió un fenómeno infrecuente en Sevilla: dedicaron dos calles a fotógrafos. En la barriada del Carmen, allá por el Tardón, el alcalde, Juan Espadas, se dedicó a lo suyo institucional propiamente dicho, y presidió la inauguración de las nuevas calles dedicadas a los Serrano y a Jesús Martín Cartaya. Aunque ahora se ha puesto de moda llamarlos fotoperiodistas, en la rotulación se ha tenido el buen gusto de nombrarlos como es debido: Fotógrafos Serrano y Fotógrafo Martín Cartaya. Fotógrafos… O sea, personas que se dedican al arte de hacer fotografías. Durante un tiempo fueron considerados algo así como periodistas menores (por decirlo suave), y por eso se utilizó lo de fotoperiodistas. Pero ellos han sido fotógrafos, por encima de todo, y hay que dignificarlo, reconocerlo y darles la importancia que se merecen.

LAS primarias del PSOE de Andalucía avanzan viento en popa a toda vela. Con algo debían distraer a la gente, después del ridículo de Ángel Gabilondo y su tutor Pedro Sánchez en Madrid, y después de las ferias y fiestas que ha montado la alegre chavalería para celebrar el fin del estado de alarma. No es lo mismo que el fin de la pandemia, como han recordado algunas voces de los que cuentan camas de UCI. Para distraer nada como lanzar a Juan Espadas contra Susana Díaz, en la romería del día de San Antonio, el 13 de junio, cuando han convocado las primarias. Y con dos espontáneos que han saltado al ruedo, Luis Ángel Hierro y Manuel Pérez, para animar más el cotarro. Hierro se reivindica como un sanchista viejo; no es un converso como Juan Espadas, al que antaño se suponía susanista, y no mostraba síntomas asimilables al sanchismo viejo, que aquí era el de Gómez de Celis y Toscano el nazareno.

SE suele decir que Sevilla siempre está con el bando ganador. Esto ya se contaba en 1936, cuando la guerra civil, con Queipo de Llano al aparato, incluso puede que antes. No vamos a recordar las desgracias de Sevilla la Roja, ni las diferencias con Madrid, donde aquella guerra duró casi tres años, y no duró menos de tres días, sino que ahora al PSOE sevillano se le presenta un dilema serio. A Juan Espadas se le habrá quedado la cara de circunstancias. Porque ahora en la calle Ferraz huele fatal, huele a lo mismo que olía en las postrimerías de Zapatero, quizás huela a lo que creyó oler Verónica, cuando entró allí a dar la media verónica, y supuso que daba la puntilla, como enviada especial de Susana Díaz. Estas elecciones de Madrid no son extrapolables, pero han pasado cosas tremendas. En realidad, lo que ha pasado es que el pueblo ha hablado y ha dicho que están hartos. Huele, en resumen, a cambio de ciclo.

SI el poeta Manuel Machado volviera a escribir su poema de Andalucía, y lo aplicara a la situación municipal (lo que de por sí resultaría prosaico), quizá lo terminara a verso cambiado: “¿Y Sevilla?”. Pues Sevilla, que en sí misma se insinúa como omnicomprensiva en ese poema, parece que ya no le importa al PSOE y al PP, los partidos mayoritarios que la han gobernado en el siglo XXI. Se dejan llevar por sus intereses partidistas, por recolocar a militantes que han utilizado el Ayuntamiento de la capital andaluza como trampolín para nuevos logros, o que van a ser relevados para promocionar a otros. Y lo más curioso es que esta crisis de credibilidad llega cuando se ha cumplido menos de la mitad del mandato municipal. Faltan más de dos años para las elecciones de la Casa Grande, que se convocarán en mayo de 2023.