HA comenzado la temporada media (o algo así) en las playas de Cádiz. Traducido significa que ya va mucha gente a tomar el sol y bañarse. Funcionan algunos servicios, pero…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
HA coincidido el 150 aniversario del nacimiento de Aníbal González con los 100 años de la muerte de Antoni Gaudí. Y con la visita del Papa a Barcelona para inaugurar la torre de Jesús en la Sagrada Familia. Es frecuente que se compare a ambos arquitectos, y que se diga…
LA gente ingenua pregunta: ¿cómo es posible que esté pasando lo que pasa en España y no pase nada? Pues, señoras y señores, porque en este país todo está al revés. Especialmente desde las elecciones de julio de 2023. Vivimos en el país de lo absurdo, donde Franz Kafka, si…

LA subida de la factura de la luz en Cádiz está dando mucho que hablar. Todavía nuestro alcalde Kichi no le ha echado las culpas al malvado Putin, como dijo Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. Y es verdad que Putin tiene una parte de la culpa, no lo vamos a negar, pero también es verdad que el precio de la electricidad estaba subiendo a lo loco desde antes de que el tirano ruso invadiera Ucrania. Entonces la culpa era de las compañías eléctricas, que se enriquecen a costa de la pobre gente, según dijeron. Como se ve, la culpa nunca es del Gobierno de España, que puede adoptar medidas; ni tampoco, en nuestro caso, del Ayuntamiento, que está en el proceso de arruinar a Eléctrica de Cádiz, la operadora gaditana que pronto puede dejar de ser gaditana. Ni gaditana, ni nada, sino dejar de ser, por inviable.
SEVILLA en primavera ya no es lo que era. En Sevilla, en los tiempos que hemos conocido, las obras en primavera eran un tabú. Antes se decía: “Vamos a esperar que pase la Semana Santa para levantar las calles”. Era impensable que unas obras públicas empezaran en plena Cuaresma. Y más impensable todavía si afectan al tráfico de vehículos y de personas. Y prácticamente imposible si afecta al recorrido de una cofradía, la del Cerro del Águila, que es la que llega desde más lejos a la Catedral, en un barrio donde siempre ha predominado el voto al PSOE, y donde se interpreta el himno de Andalucía en la salida, y donde se hace una gran labor misionera. Por eso, las obras del tranvía de Santa Justa son disparatadas.
PUDIERON formar un dúo, como Andy &Lucas, para llevar el arte de Cádiz por el mundo, pero no les da para tanto el repertorio, ni son tan románticos como Simon & Garfunkel. Así que la vida les ha premiado siendo alcalde y teniente de alcalde en Cádiz, una ciudad de las más raras del mundo. La pareja artística no está exenta de talento, e interpreta bien sus papeles. Uno hace de simpático y otro de antipático. Uno grita con el megáfono y otro no escucha a los vecinos. Uno es comprensivo con los bares de su barrio y otro es implacable contra el turista invasor que llega a Cádiz. Uno es marxista-comunista y el otro también. Aunque esas palabrotas ya no se dicen, sino que se enmascaran con Adelante Cádiz, Ganar Cádiz y mucho Cadiz, oé.
LAS guerras son malas para la humanidad, siempre es preferible la paz, pero la paz se debe basar en la justicia. En España, la guerra provocada por la Rusia de Putin, con su invasión de Ucrania, ha servido para retratar a algunos falsos progresistas de Podemos, que son muy carcas. Viven anclados en el mundo de hace 70 años, cuando el comunismo mundial dependía de la Unión Soviética y tenía a EEUU, la Europa libre, la democracia y la libertad como enemigos. Actúan, además, con una ideología marxista de manual, que es de lo más antigua, pues se refiere a otro mundo ya inexistente, el del siglo XIX. Está por ver que un filósofo inteligente, como era Karl Marx, hoy fuera marxista del Marx viejuno. A lo mejor era de centro-izquierda, como diría Maduro el de Venezuela.
HEMOS entrado en la Santa Cuaresma con un perceptible optimismo. Después de dos años sin pasar cofradías por la carrera oficial para cumplir su estación de penitencia a la Catedral, se espera una Semana Santa lo más parecida posible a la que conocimos. Quiero decir a la que conocimos en los últimos años, porque no habrá grandes cambios, ni mutaciones revolucionarias, ni tampoco restricciones fuertes o medidas coercitivas de ningún tipo. La mayor diferencia será el uso de mascarillas en las bullas y posiblemente en la carrera oficial. No así en los costaleros, que irán como siempre. Testados o sin testar, que no está claro. Pero sin faldones levantados, ni itinerarios por avenidas, ni paridas así.