YA lo cantaron El Peña y el Masa: “La gente no respeta ni que estamos en Carnaval”. Otra guerra mundial. Esa gente no respeta ni que estamos en la Cuaresma…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
LA ciudad de Sevilla y su entorno se pueden considerar como territorio de alto interés militar. Quizás sea la zona más estratégica de España, en estos momentos, para el Ejército. En una distancia cercana están las dos bases militares de EEUU en Andalucía: la de Morón de la Frontera y…
AL llegar el 8 de marzo las calles se tiñen de morado y salen manifestaciones en las ciudades para reivindicar el feminismo y la igualdad. Sin embargo, en estos tiempos, parece que no es lo mismo el feminismo que la igualdad. Entre otras cuestiones porque el feminismo no tiene un…

CON las vacunas del coronavirus está pasando lo mismo que con el carro de Manolo Escobar. Si ahora hubiera un Carnaval como Dios manda, un COAC de gran categoría, como diría Juan Manzorro, en el popurrí podrían cantar: “Mi vacuna me la robaron/ estando de romería/ mi vacuna me la mangaron/ anoche mientras dormía”. Ya sé que ahora tampoco hay romerías, pero es una licencia poética chirigotesca. Nadie ha sabido nunca dónde estaba el carro, y tampoco nadie sabe dónde están las vacunas. Las de Pfizer desaparecieron como por arte de magia, como por un encantamiento del Mago González. Y las de AstraZeneca parece que las han retenido en la pérfida Albión. Vamos a dar una pista: a lo mejor hay algunas en Gibraltar, como el chocolate en los tiempos de Franco, y se pueden conseguir en el contrabando. Con permiso del cierre perimetral.
NO se le puede negar a Pedro Sánchez que es un artista de los votos. Sabe sumar estupendamente, y sabe trajinar aún mejor. De manera que gana todas las votaciones importantes, lo mismo le da una moción de censura, un estado de alarma, una eutanasia o unos fondos europeos. Y tiene mérito, ya que el PSOE sólo consiguió 120 escaños y está lejos de la mayoría absoluta. Y todos los partidos que hay alrededor dicen que le hacen la oposición, incluso Unidas Podemos que forma parte del Gobierno. Pero a la hora de la verdad (que no es la de las mentiras) recurre a quien haga falta: desde Bildu a Vox. Todos le echan un cable si está en apuros. Y ahí sigue, más crecido que nunca, y con unas encuestas cachondeables, cocinadas por el CIS a su mayor gloria.
CON el pasar del tiempo, cuando recordemos a don Juan del Río Martín, se citará que fue uno de los fallecidos en la pandemia del Covid-19. No con un número más, como tantos otros a los que no conocemos, sino que el arzobispo castrense de España fue uno de los caídos ilustres en esta batalla. Debería servirnos de recordatorio: el enemigo va en serio. Pero las circunstancias trágicas de esta pandemia sin distinciones (como si el coronavirus pintara un cuadro de postrimerías de Valdés Leal) no pueden alterar lo esencial: don Juan del Río era un hombre santo contemporáneo, un ejemplo a seguir para quienes le conocimos y disfrutamos de su amistad. Un hombre santo, por otra parte, al que no se le podía dar coba, pues conocía las debilidades humanas y era capaz de desarticular las hipocresías. Siempre con su talante sencillo, que no incauto.
SIN darnos cuenta, estamos cambiando nuestros usos y costumbres. Las autoridades inventan medidas supuestamente avaladas por expertos en pandemias (¿pero existen?), aunque algunas tropiezan con el sentido común. Y después de que Fernando Simón habló de la inmunidad del rebaño, y de padecer un ministro de Sanidad como Salvador Illa, todo es posible en Sevilla. En el resto de España también. La gente se ha adaptado a las circunstancias del nuevo yo, como volvería a decirnos don José Ortega y Gasset, si pudiera escribir sobre los andaluces y otros asuntos filosóficos que estudió Illa en su carrera. Un ejemplo: la gente se ha acostumbrado a un toque de queda que no toca nadie.
CON la Aduana hemos topado, ojú… Está la gente pendiente del coronavirus y de si van a cerrar el bar de la esquina, de si los van a confinar en sus casas, de si van a suspender las clases presenciales en los colegios (también tienen alguna repercusión en el aumento de los contagios, según parece) durante dos semanas; en fin, de asuntos que afectan a lo esencial de verdad: la salud, el dinero y el amor. Cuando, de repente, se nos aparece la Aduana de Cádiz, como en una cortina de humo, como una fantasmagoría entre la niebla de otros tiempos. Y, para colmo de curiosidades, con Martín Vila y Kichi aliados con el PP y su Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Cosas veredes…