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HA llamado la atención que el nuevo presidente de los EEUU, Joe Biden, comenzó la jornada de su toma de posesión asistiendo a una misa en la Catedral católica de San Mateo, en Washington. No sé por qué ha llamado la atención, ya que Biden nunca ha ocultado sus creencias religiosas. Estaban muy presentes en las medidas que defendió en la campaña y en las primeras que adoptó. Unas medidas que se inspiran en el humanismo cristiano y en la doctrina social de la Iglesia católica. Parecen de izquierda en EEUU porque allí gobernaba Trump, con unos planteamientos de histrionismo reaccionario y un talante chulesco, en sintonía con la América más profunda.
LOS buenos gaditas se rasgan las vestiduras porque se van a quedar sin actividades en Carnaval y en Cuaresma. Pasa lo de siempre: está muy bien la prevención, yo la defiendo, pero si nos vamos a encerrar en casa, que obliguen (y no sólo lo recomiende el consejero Aguirre) y que sea para todo. Y, además, hay que graduar y medir los casos. Se deben evitar tajantemente actos multitudinarios, a los que asisten en Cádiz grandes concentraciones de personas. Por ejemplo, los actos callejeros del Carnaval o las procesiones de Semana Santa. A ellos acuden cientos de personas, que no guardarían las distancias de seguridad, ni habría policías suficientes para controlarlo.
Vamos a empezar por el Carnaval. Nuestro alcalde Kichi, en este asunto, está procediendo con buen criterio. A pesar de su afición, ha entendido que organizar las Galas Carnavalescas del Gran Teatro Falla es absurdo en estos momentos. Sería como un sucedáneo del concurso del COAC, en un año en el que se ha suspendido. Unas galas se pueden organizar más adelante, en cualquier momento del año.
El Carnaval tiene su leyenda de indisciplina y anarquía, pero no es para tanto. En la regulación de sus actividades para 2021 lo están haciendo bien. No pueden cantar nuevos repertorios porque no han ensayado a causa de las circunstancias. Si los coros, comparsas y chirigotas se han sacrificado, los romanceros, las callejeras y todo lo de andar por ahí deben hacer lo mismo. Y si organizan algo, de tipo cultural, debe ser con cautelas, con sosiego, y con aforos controlados.
La Cuaresma no es exactamente lo mismo que el Carnaval, sino más bien lo contrario, desde el punto de vista litúrgico. No obstante, en el tratamiento de actividades externas, es igual. Si no hay agrupaciones callejeras, no puede haber conciertos de agrupaciones musicales. Si el coro de Julio Pardo no canta en la Plaza, la Borriquita no puede ir a la Catedral desde San José. No porque sea lo mismo, sino por el control del público.
Y ahí es donde entran otras dudas. ¿Tiene sentido suprimir un triduo o una misa de hermandad, sabiendo que el aforo no se va a llenar? Hay que tener mucho cuidado con las suspensiones y no ser más papistas que el Papa Francisco. Más peligro presunto que en un templo con 50 personas puede haber en los centros comerciales, o en las terrazas de algunos bares aunque tengan mesas de cuatro contertulios.
Además, dentro de un mes y medio, no se sabe si estaremos mejor o peor. Hay que ser prudentes, sí, pero sin adoptar decisiones apresuradas. ¿Nos vamos a encerrar para todo? ¿O no? Esa es la cuestión.
José Joaquín León
ENTRE las medidas más discutidas y discutibles para frenar la pandemia están los aforos. En la práctica habitual se han convertido en un comecocos, y han degenerado ante la pasividad de las autoridades. De nada sirve que Juanma Moreno y Juan Marín eleven o disminuyan los aforos si después la gente se comporta de cualquier manera. De modo que lo esencial (en este caso, como en otros) no es sólo la fría cifra del 30% o del 50%, ni que se reúnan en una mesa seis o cuatro personas, sino qué hacen, a qué dedican el tiempo libre. Y ahí es dónde están fallando estrepitosamente, porque han bajado la guardia y no se vigila como en la reapertura de mayo y junio.
NO hay ninguna provincia andaluza que tenga en estos momentos una situación como la de Cádiz. Sus municipios más poblados están cerrados perimetralmente por su alta incidencia, o a punto de que se adopten medidas más drásticas. Incluida la capital, que entró en la lista negra después de Jerez y San Fernando, y después de las medidas en los ocho municipios del Campo de Gibraltar. Resulta extraño, muy extraño lo que está ocurriendo, porque en la primera ola, allá por la primavera de 2020, Cádiz era la provincia (y la capital) con menos casos de Covid-19, junto a Huelva y Almería. Hasta especulamos con la posibilidad de que beneficiara su clima marinero. Hasta suponíamos que su ubicación geográfica ofrecía alguna ventaja.
LEO algunas encuestas en las que la mayoría de los consultados son partidarios de un confinamiento absoluto. ¿La gente inocente quiere que los encierren en sus casas y sólo les permitan acudir al supermercado? Añoran el tiempo de los Ertes a tutiplén. Era el tiempo en el que se arruinaron los mismos que se van a arruinar con esa Navidad que está costando su peso en enfermos. El presidente de la Junta, Juanma Moreno, además del adelanto del toque de queda, ha pedido al Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias que facilite el encierro. Por cierto, Pablo Iglesias se ha pasado desaparecido todo el periodo de duración de la borrasca Filomena y la ola de frío. Como si se hubiera confinado en el chalé de Galapagar para ver caer la nieve. Este hombre, cuando vienen malas, desaparece. Y, cuando vienen buenas, hace la oposición desde el Gobierno.