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EL conflicto político de Cataluña no es como el de Hong Kong. Sin embargo, el modelo de violencia callejera ha sido copiado por los CDR catalanes y por ese grupo denominado Tsunami Democràtic. También es semejante que en Cataluña y en Hong Kong se enfrentan a policías autonómicas. En Cataluña a los mossos, dependientes de la Generalitat, que envía policías mientras su presidente fomenta las revueltas. La Policía Nacional, en Cataluña, se mantiene como fuerza de apoyo, y con consignas restrictivas. En Hong Kong interviene la policía del gobierno autónomo, que avisa de las cargas previamente. Es falso que disparen con armas de fuego a los manifestantes. Sólo lo hizo una vez un policía acorralado al que pegaban con barras de hierro. Las fuerzas chinas (a las que esas algaradas les hubieran durado dos telediarios) no actuaron y están fuera del territorio de Hong Kong.
EN el Museo de Cádiz no se podrá ver la colección de Bellas Artes ni la de Arte Contemporáneo, ni la de Estatuas Romanas hasta final de año. No es por gusto, sino por las obras que realizarán durante ese periodo para reponer las monteras, que obligan a cerrar dos plantas. Por el contrario, van a permanecer abiertas, como se ha informado, la sección de Arqueología, en la planta baja, y la colección de títeres de la Tía Norica. Es probable que, en Cádiz, esto le importe poco a la gente. Aunque, culturalmente, es un gran bastinazo. Entre lo que no se podrá ver, está una parte de lo mejor del Museo, sobre todo en pintura. Cuenta con una colección injustamente menospreciada e infravalorada, que en el otoño gaditano no quedará a la vista.
LA gente es así, incluidos los políticos que hablan de la gente. Superado el momento heavy de la novelería, están confundiendo el Lagoh con el mercadillo del Charco de la Pava. Parece que la elogiada inversión del grupo Lar, ese centro comercial que fue considerado el más grande de España (ahora dicen que es el segundo de Andalucía, tras el Nevada de Granada), es equivalente a una venta ambulante por la cara que han montado en Palmas Altas, a la vera de la Ciudad de la Justicia y las tres mil viviendas que construirán en el nuevo barrio de Isla Natura. Ahora se han dado cuenta de que aquello va camino del caos. Y yo pregunto: ¿son tontos o qué? ¿Quién concedió la licencia de apertura? Algunos tienen amnesia histórica. Se acuerdan de lo que pasó hace 80 años y se olvidan de lo que dijeron ellos mismos hace 80 días.
EL Cádiz es como esos ciclistas que se escapan al principio de una etapa montañosa, y que sueñan con la gloria cuando todavía están muy lejos de la meta. Es la hora de soñar y de esperar que el equipo no se desfonde. También de corregir las carencias que se le notan. Sin embargo, los éxitos no están llegando por casualidad, sino por la solidez de un bloque en el que ninguno se siente figura y en el que todos luchan con el máximo sacrificio. Los envidiosos ya no saben qué decir. Ahora hablan de la efectividad, como si fuera algo negativo, cuando es una de las habilidades del fútbol. Puede que sea pintoresco ganar un partido con una posesión del 28%. Pero el Cádiz tuvo tres ocasiones de gol, y marcó dos. Las Palmas no creó ninguna jugada clara de peligro en todo el partido. El resultado es justo.
EL Cádiz interior o del arciprestazgo de Intramuros (la ciudad histórica, en general) no está preparado para el tráfico de vehículos. Tampoco para los carriles bicis, que forman parte del tráfico. Y no puede funcionar como una gran bolsa de aparcamientos, en todo su perímetro, porque su espacio es muy limitado. La culpa de eso no la tiene Kichi, ni la tuvo Teófila, ni antes Carlos Díaz, ni siquiera Emilio Beltrami, Jerónimo Almagro, José León de Carranza y todos los anteriores. La culpa la tiene Cádiz, que es como es. En ese tramo funciona como una isla. En realidad, es una fortificación amurallada, que debería pertenecer al Patrimonio de la Humanidad. La movilidad, en el anillo periférico, siempre ha estado mal, aunque ahora se ha quedado peor; es decir, insoportable.