PARECE raro que un político del PSOE ofrezca a otro del PP un acuerdo para evitar que pacten con Vox. En ese sentido, va la moción que el portavoz municipal…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SOMOS más papistas que el Papa. En Sevilla, una gran parte del mundo cofrade es de bandera pontificia, y gusta que venga el Sumo Pontífice, como pasó con Juan Pablo II en dos ocasiones, y que la Archidiócesis tenga un cardenal, como Madrid y Barcelona, sin ir más lejos. Por…
NADIE se debe fiar de Donald Trump. Ni sus amigos, ni sus enemigos. A todos los ha dejado con las vergüenzas al aire en Venezuela. Ha quedado clarísimo que no le importan los ideales, ni la política. Ni siquiera la economía, sólo los negocios. Y para negociar lo mismo le…

EL Carnaval ya está en la recta final, que desembocará en el domingo de Piñata, y llega la hora de los balances. No ha sido ni el mejor ni el peor Carnaval de la historia. El concepto de la fiesta es significativo, porque para muchas personas se sigue limitando al concurso del COAC en el Falla. Sin embargo, la calle forma parte de la esencia carnavalesca. Sin olvidar que hay otras formas de celebrarlo en el mundo: Río de Janeiro, Venecia, Barranquilla, Basilea... Hay 13 carnavales en el patrimonio de la humanidad.
EN Cádiz se le guardaba un respeto reverencial a José Pedro Pérez-Llorca. Sin embargo, esta ciudad no le ha dedicado un monumento, ni una calle o plaza buena. Aunque algunos recordarán que estaba reconocido con el título de Hijo Predilecto de la ciudad en 2002 y de la provincia en 2013 (en ambos casos cuando gobernaba el PP, por cierto) y fue nombrado doctor honoris causa por la UCA. Pérez-Llorca era un gaditano imposible, un gaditano del Cádiz que se perdió como el barco del arroz, un gaditano como los del siglo XIX, por ejemplo. Era un gaditano de la Alameda, de esa burguesía que miraba al mar desde sus casas, por ver si llegaban goletas y bergantines, o sólo por ver El Puerto de Santa María desde Cádiz y no al revés.
LA gran incógnita en las elecciones municipales de Sevilla es el resultado de Vox. Está por ver si tiene presencia en el Ayuntamiento, como parece más que probable, y hasta dónde llega. Una irrupción en la Casa Grande con más de tres concejales podría alterar los equilibrios. Sin embargo, parece exagerada la importancia que se le está dando al candidato que presente Vox. A estas alturas de la política, ya no quedan fenómenos, que por sí mismo aporten miles de votos. Pienso que el resultado de Vox no dependerá de si el candidato es cantante, torero, cazador, famoso o desconocido, sino del momento. Vox es un partido acordeón, como Podemos, que se puede inflar o desinflar según las circunstancias.
HOY es Miércoles de Ceniza. Comienza la Cuaresma, pero en Cádiz no se acaba el Carnaval. El forasterío que llega en estos días se asombra de que el lunes sea fiesta local. Como el gaditano y la gaditana suelen salir derrotistas, alegres y festivos, se ha propagado la leyenda negra de que Cádiz está en horas bajas, y que aquí sólo viven viejos (mayores jubilados, quiero decir), y algunos jóvenes, casi todos parados. También deben vivir muchos carnavaleros, ya que de las 14 agrupaciones que participaron en la final del COAC había 13 de Cádiz y una de Sevilla. Esta era la de de ‘Daddy Cadi’, a la que le faltó menos de un punto para ganarle a la chirigota compuesta por Manolito Santander y José Manuel Sánchez Reyes. ¡Viva La Viña! ¡Y vivan las centésimas!
EN Sevilla el Miércoles de Ceniza es un día agridulce. Por un lado, se nos recuerda que estamos destinados a convertirnos en ceniza. Por otro lado, sabemos que empieza la Cuaresma, que desembocará en el Domingo de Ramos y la Semana Santa, que es tanto como decir el gozo, la pasión, la esperanza, la promesa de una vida eterna. Pero entre el presente y el futuro, o entre los recuerdos, se nos escapan las otras cenizas de Sevilla: existe una larga Cuaresma de sufrimientos, que no vemos o no queremos ver. Ese cinturón de las periferias donde los sentimientos han sido humillados, donde las esperanzas son arrasadas, donde pocos creen en algo que no sea sobrevivir hoy. Esas periferias que están ahí, a donde irá en 2020 el Señor del Gran Poder. Pero a donde hay que llegar todos los días.