PARECE raro que un político del PSOE ofrezca a otro del PP un acuerdo para evitar que pacten con Vox. En ese sentido, va la moción que el portavoz municipal…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SOMOS más papistas que el Papa. En Sevilla, una gran parte del mundo cofrade es de bandera pontificia, y gusta que venga el Sumo Pontífice, como pasó con Juan Pablo II en dos ocasiones, y que la Archidiócesis tenga un cardenal, como Madrid y Barcelona, sin ir más lejos. Por…
NADIE se debe fiar de Donald Trump. Ni sus amigos, ni sus enemigos. A todos los ha dejado con las vergüenzas al aire en Venezuela. Ha quedado clarísimo que no le importan los ideales, ni la política. Ni siquiera la economía, sólo los negocios. Y para negociar lo mismo le…

LAS cosas de Pedro Sánchez. Ahora ha puesto de moda al relator. Nadie se acordaba de los relatores, que habían caído en desuso mediático. Y así las cosas, hoy recuerdo que en Sevilla existe una bonita calle dedicada al Relator, cuyo origen es mayormente desconocido y sometido a interpretaciones varias. Sabemos que es una calle estupenda para ver al Señor de la Sentencia y a la Esperanza Macarena cuando van de regreso por su barrio en la mañana del Viernes Santo. O para encontrarnos en la tarde del Domingo de Ramos con La Hiniesta. En esa calle la vi el año pasado. En la antepresidencia iba el alcalde, Juan Espadas, acompañado por los portavoces del PP, Beltrán Pérez, y Ciudadanos, Javier Millán; así como el delegado de Fiestas Mayores y Movilidad, Juan Carlos Cabrera, y la edil del PP Amidea Navarro. Fíjense en el grupo municipal que iba por la calle Relator.
VIVIMOS unos tiempos pintorescos por los caprichos de las influencers y los que van de influyentes. Así una gachí del tipo de Dulceida aparece en Instagram con una falda de no sé qué y se venden miles de faldas como esa; o si viaja a Pernambuco, allá que se van un montón de seguidores. Pues lo mismo está pasando con Setenil, que es como una Dulceida o una Paula Echevarría de los pueblos blancos. Setenil de las Bodegas fue elegido el destino rural más buscado de España, lo premiaron en Fitur como uno de los pueblos más bonito, y apareció en The New York Times. La gente dice: “¡Ah, Setenil!”. Y se convierte en un destino de moda. Y algunos ni siquiera saben cómo son esas bodegas, y las confunden con las de González Byass.
SIGO con el caso del investigado Juan Carlos Cabrera, que puede condicionar la política sevillana en los próximos meses, incluso hasta las elecciones. Todavía es pronto para imaginar escenarios, hasta que el delegado de Movilidad declare el día 18, y se vean las consecuencias. Una organización que se autodenomina “progresista e independiente”, Facua, ya ha solicitado su dimisión. Sin embargo, me parece digna de reconocimiento público la actitud del líder de la oposición y candidato del PP, Beltrán Pérez, que ha pedido prudencia. Incluso ha ido más allá, al decir que confía que la declaración de Juan Carlos Cabrera permita deducir “su absoluta inocencia”.
EN otros tiempos remotos, antes de Internet, existían los ficheros de altos cargos. Ahí se iban reponiendo las fichas, según los nombramientos de ministros, gobernadores civiles, presidentes de la Diputación, diputados, concejales y demás. Menos mal que ya no hacen falta, porque en el plazo de un año deberíamos haber tirado las fichas (y puede que los ficheros) a la basura. Ahora la nueva delegada de la Junta de Andalucía en Cádiz es Ana Mestre, que vuelve a la ciudad en la que fue concejala del PP. Es la primera delegada de la Junta que no pertenece al PSOE, por lo que verla en ese cargo se nos hace más raro que encontrarnos a un cangrejo moro paseando por el Rectorado de la calle Ancha. Por decir un chiste fácil.
PEDIR la dimisión de Juan Carlos Cabrera por ser investigado en la macrocausa de la mafia del taxi me parece una exageración y también una pasada. Es un ejemplo más de la necedad que ha llegado a la política, donde todo investigado es culpable mientras no se demuestre lo contrario. La responsabilidad de ese disparate la tienen los principales partidos. El PSOE y el PP lo han utilizado como armas arrojadizas, cuando Podemos y Ciudadanos llegaron vírgenes a la política. Ahora se les vuelve en contra a todos, como un boomerang, por no asumir algo esencial para ser justos: cualquier persona es inocente mientras no sea condenada. Por lo que es absurdo que dimita alguien sin ser condenado.