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DECÍAMOS ayer que vuelve la Liga, que se reanudará el próximo jueves con un apasionante Sevilla-Betis, y que ya no se hablará con la misma intensidad del coronavirus. Habrá fútbol todos los días, desde el 11 de junio al 19 de julio. Algo así como una cuarentena deportiva. Para que vean el poder del fútbol: resultó que el mismo día en que toda la oposición de Colón (también Ciudadanos) estaba pidiendo la dimisión del ministro Grande-Marlaska, apareció por la tarde el gran Simón en el show de su rueda de prensa, y dijo que estudiarán la posibilidad de que el público vuelva a los estadios antes de que acabe la Liga; o sea, dentro de un mes, o puede que antes.
GRACIAS a la desescalada, que ha tardado tanto, algunas pamplinas están pasando a la historia. Por ejemplo, las franjas horarias. Ha sido una de las ventajas en la fase 2. Las grandes ciudades, las pequeñas y las medianas tienen ya la misma consideración que los pueblecitos como Villaluenga o El Gastor, donde se conocen todos. Gracias a lo buenos que son Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Salvador Illa y Fernando Simón, los cuatro jinetes del coronavirus, la gente ya puede salir a pasear y a correr cuando se le antoje. Y los niños pueden salir con el padre y con la madre (o quienes sean que los acompañen) cuando les parezca oportuno. Es decir, nos hacemos la ilusión de que ya vivimos igual que antes, cuando había una democracia sin mando único. Aunque con mascarillas, no olvidarse de las mascarillas.
SE acabó lo que se daba. Falta una semana. Al coronavirus le quedan siete telediarios. Vuelve el fútbol, y ya no se hablará de otra cosa.Ya no se hablará de Joaquín el de Bélgica, sino de Joaquín el del Betis. Volverá el balón y empieza por todo lo alto, con un Sevilla-Betis como primer partido. Un duelo fratricida, que resultará un poco descafeinado por la ausencia del público. En este caso, para beneplácito del equipo visitante. No es lo mismo sentir el aliento de la afición local (y lo que no es el aliento), o jugar como en un entrenamiento en el estadio vacío. Sin público se oye todo. De modo que si alguien piropea al árbitro desde el banquillo, o le dice “hijo de terrorista” o “señora marquesa”, no hará falta que el cuarto árbitro haga de chivato.
EL triángulo es considerado como un símbolo de la perfección. Quizá por la Santísima Trinidad (Padre, Hijo, Espíritu Santo), que no es sólo cristiana. El tres también es un número sagrado en el hinduismo y otras religiones. Y los Reyes Magos eran tres, según la tradición, como símbolo de las razas. En cuestiones más profanas y menos trascendentales, el tres se ha adaptado al alfabeto con múltiples versiones. Las tres B que definen el comercio: bueno, bonito y barato. Y las tres C que compendian la excelencia del buen gaditano: Carnaval, cofradías y Cádiz CF. Por eso, es curioso que ahora, como remedio para prevenir rebrotes del coronavirus, la Organización Mundial de la Salud aconseje a España que practique las tres T.
ENTRE las actividades suprimidas en Sevilla, a consecuencia del coronavirus, están las procesiones pobres. Me refiero a las de Gloria y Sacramentales, que son las secciones consideradas como los parientes pobres del Consejo de Hermandades y Cofradías. El sentido de esa humildad ya se lo aplicó Joaquín Romero Murube a los sagrarios pobres, cuando los elogió en Dios en la ciudad. Admiraba los sagrarios de los conventos de clausura, con sus flores de trapo, sus macetas y su modestia, allá por la II República, que es cuando lo publicó por vez primera. Las procesiones de gloria no sé si están mejor o peor que antes de la Guerra Civil. Hasta 2019 salían, que ya es algo. Y les ayudaban con las subvenciones del Consejo, gracias a las sillas.