A la parroquia de Santa Cruz, todo el mundo le dice en Cádiz la Catedral Vieja. Con razón. No sólo por su antigüedad, que procede de 1262. No sólo por…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SOMOS más papistas que el Papa. En Sevilla, una gran parte del mundo cofrade es de bandera pontificia, y gusta que venga el Sumo Pontífice, como pasó con Juan Pablo II en dos ocasiones, y que la Archidiócesis tenga un cardenal, como Madrid y Barcelona, sin ir más lejos. Por…
NADIE se debe fiar de Donald Trump. Ni sus amigos, ni sus enemigos. A todos los ha dejado con las vergüenzas al aire en Venezuela. Ha quedado clarísimo que no le importan los ideales, ni la política. Ni siquiera la economía, sólo los negocios. Y para negociar lo mismo le…

VAMOS a empezar como en el programa del oyente: este artículo se lo dedico al vicepresidente de la Junta, Juan Marín, que es el responsable del turismo en Andalucía, y que es de los pocos ciudadanos que pueden viajar entre Sanlúcar de Barrameda y Sevilla, al ejercer un cargo público esencial. La mayoría de los bares sanluqueños permanecen cerrados, ya que los sevillanos de base no pueden viajar a Sanlúcar. Aunque ambas provincias están en la misma fase 1. Aunque la hostelería y el turismo de la costa de Cádiz tienen dependencia de la circulación entre las limítrofes. Aunque, si fueran vascos, sí que podrían viajar, eso seguro, porque los seis votos del PNV valen su peso en oro. Y porque los 10 votos de Ciudadanos, el partido de Juan Marín, se los han regalado, sin pedir nada para su Sanlúcar querida. Ahí quedó.
EN el Carnaval de 1989 participó ‘Tras la máscara’, una comparsa de Antonio Martín, el legendario autor. Volvía tras un año sabático y tres primeros premios, por lo que quedó segundo. En aquella comparsa salían históricos componentes, como Catalino, Caracol, El Gallego, El Búho (hermano del Selu), Mc Gregor, Pedro Ramos, etcétera. Cantaron un mítico pasodoble a un niño que se suicidó por sacar malas notas, algo que hoy no se entendería, pues van a aprobar todos. Han pasado más de 30 años de aquella comparsa, que cantó en el Teatro Andalucía (cuando estaban restaurando el Falla), y hoy la recordamos, porque de la máscara hemos pasado a la mascarilla. En Cádiz debería ser obligatoria: la mascarilla es muy gadita.
SE ve a simple vista: mascarilla rima con Sevilla y con maravilla y con silla. Pero entre quienes se sientan en las sillas de las terrazas de los bares sevillanos apenas se ven mascarillas, lo cual resulta maravilloso. Los ojos de todas las grandes ciudades de España están puestos en lo que suceda aquí. El bar Jota ya es mundialmente famoso. Madrid, Barcelona y Valencia (también Málaga en Andalucía) se han quedado castigadas, en la fase cero, por lo que Sevilla es la gran ciudad desescalada por su excelencia. En los tiempos de Zoido como alcalde, se hablaba más que ahora de Sevilla como gran ciudad. ¡Lo que hubiera disfrutado Juan Ignacio con Sevilla en el podio de de las grandes ciudades desescaladas! Sin embargo, Juan Espadas no ha presumido de ese logro. Ni tiene muchos motivos. Los incumplimientos en Sevilla son flagrantes.
EL caso del concejal del PSOE de San Fernando que arremetió contra los medios de comunicación privados en Twitter, y defendió que el poder público controle la información, tiene una importancia relativa, pero es sintomático. Ya se sabe que el concejal en cuestión, Ignacio Bermejo, lo retiró y pidió disculpas. Se supone que porque se lo exigieron otros compañeros, ya que una afirmación semejante no es un malentendido. No vamos a pensar que escribe a tontas y a locas. A una persona que dice eso, el PSOE lo debería expulsar de inmediato (encajaría mejor en una organización marxista-leninista), pero como rectificó, se le ha dispensado. Por otra parte, es el séptimo teniente de alcalde isleño. No es un líder nacional del PSOE.
ES significativo que el símbolo de la desescalada en Sevilla sea el Señor del Gran Poder, que ha bajado de su camarín, y que ya nos aguarda en su basílica de la plaza de San Lorenzo con las puertas abiertas. Todavía los devotos no pueden subir a su camarín que es el confesionario del Señor, ni mucho menos besar (o si acaso rozar) el talón que marca la zancada. Algunos dirán: en realidad, al Señor no lo han bajado del todo, no está como lo vemos (y no lo vimos) al empezar la Semana Santa, cuando se queda junto a sus fieles para el besamanos. Pero el Señor ya ha desescalado una parte del camino y está más cerca. Está donde se le espera: entre el cielo y el suelo.