A la parroquia de Santa Cruz, todo el mundo le dice en Cádiz la Catedral Vieja. Con razón. No sólo por su antigüedad, que procede de 1262. No sólo por…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SOMOS más papistas que el Papa. En Sevilla, una gran parte del mundo cofrade es de bandera pontificia, y gusta que venga el Sumo Pontífice, como pasó con Juan Pablo II en dos ocasiones, y que la Archidiócesis tenga un cardenal, como Madrid y Barcelona, sin ir más lejos. Por…
NADIE se debe fiar de Donald Trump. Ni sus amigos, ni sus enemigos. A todos los ha dejado con las vergüenzas al aire en Venezuela. Ha quedado clarísimo que no le importan los ideales, ni la política. Ni siquiera la economía, sólo los negocios. Y para negociar lo mismo le…

ENTRE las medidas sadomasoquistas y asintomáticas adoptadas por el mando único, está la imposibilidad de circular entre provincias de la misma fase. Ahora, cuando la desescalada avanza, y seis provincias de Andalucía perseveran en la fase 2, no se puede circular entre ellas. Ni siquiera entre limítrofes. Con el descenso de contagios y la situación epidemiológica actual, esa medida es demencial. Por otra parte, como se ha explicado cientos de veces, la movilidad en Andalucía es esencial para la hostelería, sobre todo en la costa de Huelva y Cádiz, que depende en gran medida de los sevillanos. Para colmo, en Sevilla se soportan altas temperaturas, sin poder ir a las playas vecinas. La Junta, por medio del vicepresidente, Juan Marín, ha vuelto a pedir esa movilidad. Y a dejar claro que la cogobernanza de la que habla Pedro Sánchez es falsa, pues no les hacen caso. Entre ese absurdo, ha florecido una teoría de la conspiración: no permiten viajar a otras provincias andaluzas por miedo al Rocío.
EN esta crisis del coronavirus ya hemos perdido definitivamente el sentido del ridículo. La gente del lado derecho dice: habría que escuchar a Pedro y Pablo (y su coro de groupies) si el PP hiciera estas cosas que vemos todos los días. Pero ni el PP ni el PSOE. No es una polémica más de izquierdas o derechas, sino que es un insulto a la inteligencia elemental. Nos toman por imbéciles, y ya hay barra libre para todo. El último ejemplo es el de los muertos del coronavirus. Sorprendentemente, el pasado lunes, desaparecieron de la lista 1.918 muertos. A la gente adicta le pareció de lo más normal. Oye, que no eran uno, ni dos, sino cerca de dos mil. ¿Dónde está esa calculadora, María Jesús?
LOS hermanos mayores acudieron a su asamblea al aire libre en el Alcázar, y se acabó el problema de las sillas y palcos. Para el Consejo no era tan sencillo como parece a simple vista. Primero, porque los propios hermanos mayores habían recortado las competencias de la Junta Superior, tiempo ha, para que decisiones como esta sean adoptadas por la asamblea de las hermandades. Y después, porque el derecho de reunión también fue recortado por el mando único, con imposibilidad de reunirse, hasta que el Ayuntamiento cedió el patio de la Montería del Alcázar. La postura municipal ha sido encomiable, tanto por parte del alcalde, Juan Espadas, como del delegado de Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabrera. Como diría Nadia Calviño, ellos han contribuido a la solución, en vez de aumentar el problema. Y no han actuado con populismo, ni le siguieron el rollo a la asociación de progresistas de consumo.
ALGUNAS semanas antes de empezar el confinamiento, la Diputación Provincial de Cádiz publicó un bonito libro del profesor José Antonio Hernández Guerrero, titulado La soledad de los ancianos. Con un formato manejable, presentación didáctica y algunas ilustraciones del autor, aporta una interesante reflexión sobre dos conceptos que suelen ir unidos: la soledad y la ancianidad. En las circunstancias actuales, el libro es casi profético (o quizá no dejó de serlo nunca), porque incide en la necesidad de no abandonar a las personas mayores, a los que antaño se llamaba viejos y ahora se vuelve a denominar ancianos. Ellos necesitan la amistad y la compañía: “el acompañante sensible, respetuoso, experto y generoso”, según dice José Antonio Hernández Guerrero. Quizás ahora, y en el futuro, más que nunca.
CUANDO Pedro Sánchez dijo que los turistas extranjeros volverán a España a partir de julio, parecía que estaba hablando de marcianos. Los extranjeros en Sevilla han pasado a ser raros. Estamos como en el siglo XIX (o puede que peor, con las fronteras cerradas y las cuarentenas), cuando llegaban los franceses y parecían de otra galaxia. Venían personajes ilustres como Teófilo Gautier, Alejandro Dumas, Próspero Merimée y tantos otros. Entre ellos y los autores de las óperas sevillanas, contribuyeron a una visión castiza de la ciudad. Es archisabido que en los tópicos han influido los extranjeros, que veían a los sevillanos (y a los andaluces, en general) como apasionados, folklóricos, flojos y raros. Ahora, por culpa del coronavirus, los raros son ellos.