LA diócesis de Cádiz y Ceuta sigue sin tener obispo, tras ser aceptada la renuncia de Rafael Zornoza. En la misa solemne que presidió León XIV en la Sagrada Familia,…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
HA coincidido el 150 aniversario del nacimiento de Aníbal González con los 100 años de la muerte de Antoni Gaudí. Y con la visita del Papa a Barcelona para inaugurar la torre de Jesús en la Sagrada Familia. Es frecuente que se compare a ambos arquitectos, y que se diga…
LA gente ingenua pregunta: ¿cómo es posible que esté pasando lo que pasa en España y no pase nada? Pues, señoras y señores, porque en este país todo está al revés. Especialmente desde las elecciones de julio de 2023. Vivimos en el país de lo absurdo, donde Franz Kafka, si…

REPETIR una mentira mil veces no la convierte en verdad, aunque lo dijera Goebbels. Es falso que la Ley de Memoria Histórica obligue a cambiar el nombre del estadio y no se pueda llamar Nuevo Estadio Carranza, como quieren la mayoría de los cadistas. Si fuera un recinto privado se podría denominar así. Actualmente está cedido al Cádiz CF, por cierto. Pero el Ayuntamiento no necesita ninguna Ley de Memoria Histórica, ni crear ninguna comisión de títeres manejados por Kichi, ni inventar excusas para cambiar el nombre al estadio, a los teatros y a todas las calles de Cádiz. Sean franquistas, comunistas o artistas. Es competencia municipal, siempre que tenga mayoría. Así que los podrían denominar Estadio Che Guevara y Teatro Nicolás Maduro.
LA transparencia tiene la culpa. Algunos dicen que el Reino Unido, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania y cada día más países nos tienen en el punto de mira porque aquí cuentan incluso los contagios leves con pelos y señales, y parece que la gente se está muriendo por las calles. Como siempre, la culpa es del mensajero. Pero también es verídico que depende de la forma de contarlo. Según los datos que el SAS publicó, actualizando la semana, en Sevilla no hay ningún muerto por coronavirus desde hace 20 días, igual que en Málaga; en Cádiz desde hace 21 días y en Huelva desde hace 24 días. Así que ni en la provincia sevillana, ni en las playas de la costa andaluza donde veranean los sevillanos, se ha muerto nadie por el coronavirus desde hace tres semanas. Toquemos madera, porque nunca se sabe, y algunos están acumulando méritos.
LA imagen internacional de España ha caído por los suelos con los rebrotes de Cataluña, Aragón y Navarra, pero Cádiz y sus costas son diferentes. Los ingleses, que han boicoteado el turismo con la cuarentena, se deberían poner de acuerdo entre ellos mismos. Por un lado, recomiendan no viajar. Por otro, elogian a las playas de Cádiz como buen ejemplo. La cadena Sky News elogió las distancias en la playa de Regla, de Chipiona, con unas imágenes que han dado la vuelta al mundo. Antes de eso, el prestigioso diario británico The Telegraph publicó un reportaje en el que proponían a los intrépidos turistas británicos que se arriesguen a viajar a España dónde deben ir y dónde no.
EN Sevilla siguen ocurriendo fenómenos portentosos. Una mañana llueven granizos como pedruscos en pleno mes de julio. Una madrugada del mismo mes el cielo se ilumina con un resplandor impresionante. Rara es la semana que no cruzan el firmamento dos o tres bolas de fuego. Y, por si fuera poco, el Ayuntamiento ha aprobado un documento con 88 medidas para el futuro de Sevilla por unanimidad. Es decir, que los podemitas de Adelante Sevilla y los ultras de Vox también lo han votado, junto al PSOE, el PP y Ciudadanos. De todos los fenómenos portentosos de los últimos días, este es el más impresionante. ¡Qué gran ejemplo para Andalucía, España y la Humanidad! No se recuerda una cosa igual. En el Congreso de los Diputados se retiró Vox de la comisión, y en el Parlamento de Andalucía se fue hasta el PSOE porque el presidente era de Vox. Sevilla es diferente.
SI Charles Baudelaire hubiera sido gaditano, a lo mejor hubiera escrito el repertorio de una comparsa. Era un genial poeta, con ese malditismo de enfant terrible que caracterizaba a ciertos literatos del siglo XIX. Pero hoy no me fijo en él por su aportación literaria, sino porque publicó unos ensayos titulados Los paraísos artificiales, que le vienen como anillo al dedo del Cádiz de hoy. Los dividió en dos partes: El poema del hachís y Un comedor de opio. Baudelaire era de esos que vivía en las fantasías por encima de la realidad. Pero en la búsqueda de paraísos artificiales, tenemos en Cádiz a unos discípulos de lujo. Y no me refiero a los que fuman canutos, sino a los que se apartan de la realidad para vivir en una alucinación permanente.