LA diócesis de Cádiz y Ceuta sigue sin tener obispo, tras ser aceptada la renuncia de Rafael Zornoza. En la misa solemne que presidió León XIV en la Sagrada Familia,…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
HA coincidido el 150 aniversario del nacimiento de Aníbal González con los 100 años de la muerte de Antoni Gaudí. Y con la visita del Papa a Barcelona para inaugurar la torre de Jesús en la Sagrada Familia. Es frecuente que se compare a ambos arquitectos, y que se diga…
LA gente ingenua pregunta: ¿cómo es posible que esté pasando lo que pasa en España y no pase nada? Pues, señoras y señores, porque en este país todo está al revés. Especialmente desde las elecciones de julio de 2023. Vivimos en el país de lo absurdo, donde Franz Kafka, si…

ESTA es una de las preguntas que más inquietan ante la segunda ola del coronavirus. ¿Es buena la cogobernanza? Una vez que acabó el alarmante estado de alarma, ¿es mejor que los presidentes autonómicos gobiernen sus territorios, cual repúblicas de taifas? La respuesta es sencilla: la cogobernanza será buena o mala según el cogobernante. Pasa igual que con los gobiernos. Es decir, que si te cogobierna un cenutrio de la política como Quim Torra, incluso puede superar las torpezas de Pedro Sánchez. Los partidarios de la España Una deberían recordar que con el mando único hemos tenido unos 45.000 muertos en la primera ola, según fuentes oficiosas. Con la mayor ruina de Europa y con la segunda mayor tasa de muertos. El listón lo han puesto muy alto, parece insuperable, Dios no lo permita.
ERAN otros tiempos. Era cuando la gente podía ir al estadio Carranza (que se llamaba así y a nadie le parecía mal) para ver partidos de fútbol. No guardaban las distancias de seguridad, y llamaban guapetón al árbitro. A veces, cuando ganaba el Cádiz con buen juego, de pronto se oía en el estadio: “¡Que viene, que viene!, ¡Que viene la ola!”. Hay que ver lo que ha cambiado la vida. Ahora se dice lo mismo para acongojar. La gente ha criticado al doctor Simón porque se fue a practicar surf a Portugal, antes de agradecer que no vinieran turistas a España. El doctor Simón es un especialista en olas. Y ahora suena igual que en aquellos tiempos, cuando iba la afición al estadio Carranza, que se llamaba Carranza. ¡Que viene la ola!
COMIENZA agosto, un mes temible en Sevilla. Otros años cerraban los negocios por vacaciones. Este año también, excepto los que ya están cerrados por ruina. Carece de mérito glosar agosto desde las playas, o elogiar sus soledades, mientras desde la ventana ves el tapón de Matalacañas o el faro de Chipiona. Agosto es el mes de los sevillanos fugitivos, que aprovechan las vacaciones, las jubilaciones, el paro, el teletrabajo, o su oportunidad para largarse. Domingos de agosto es el título de una novela de Patrick Modiano, que nos traslada a Niza en invierno. Sus domingos de agosto no tienen nada que ver con los de Sevilla, lo cito por citar algo. Los nuestros también evocan ese ambiente solitario y obsesivo que emana de la gran literatura. En los domingos de agosto sevillanos parece que va a pasar algo que nunca pasa. El tedio de las horas se disuelve como una letanía sin fin.
ES raro que la comisión de colegas adictos que han montado para cambiar el nombre del estadio no se ocupe también del Trofeo. En la historia del fútbol gaditano iban unidos. En 1955 se disputó el primer Trofeo Ramón de Carranza, aunque el viejo estadio se inauguró con un partido amistoso entre el Cádiz y el Barcelona. No incluir el Trofeo en ese lote, significaría que el Ayuntamiento de Kichi se olvida de su organización y gestión. Es decir, que lo dan por muerto. Un Trofeo sin público sería como el del año pasado, cuando se les ocurrió la parida de que vinieran cuatro equipos femeninos y no acudió nadie a ver los partidos. Como era de suponer.
EN Andalucía y el resto de España lo llaman botellón, menos en Sevilla que le dicen botellona. Pues a los botellones y las botellonas también les ha llegado la hora por culpa del coronavirus. En EEUU y otros países con sectas estrafalarias apuntan diversas teorías de la conspiración sobre el origen de esta pandemia del coronavirus. Según recuerdan estos conspiranoicos o paranoicos, nos han impuesto un nuevo orden mundial. Han obligado al uso universal de las mascarillas, lo que no deja de ser un detalle sanitario y estético. En Sevilla, algunos caballeros llevan un pañuelito visible y no es para el resfriado. Pero más allá de la estética, el coronavirus sirvió para encerrar a la gente más de tres meses en sus casas, para que salieran sólo en franjas horarias de rebaño, para prohibir casi todo.