A la parroquia de Santa Cruz, todo el mundo le dice en Cádiz la Catedral Vieja. Con razón. No sólo por su antigüedad, que procede de 1262. No sólo por…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SOMOS más papistas que el Papa. En Sevilla, una gran parte del mundo cofrade es de bandera pontificia, y gusta que venga el Sumo Pontífice, como pasó con Juan Pablo II en dos ocasiones, y que la Archidiócesis tenga un cardenal, como Madrid y Barcelona, sin ir más lejos. Por…
CONSTRUIR un túnel submarino en el Estrecho de Gibraltar, que conecte España con Marruecos, sería nefasto para Andalucía. Es un proyecto ventajoso para el interés marroquí y ruinoso para los españoles y los andaluces. Por eso, resulta extraño que el Gobierno de Pedro Sánchez recupere ese proyecto, que se planteó…

LA fiesta local sevillana del Corpus se ha convertido en un problema para Andalucía. Han pasado las ocho provincias a la fase 3. ¿Y ahora qué hace la Junta? ¿Lo contrario de lo que pedían, o arriesgarse a un éxodo masivo? Lo más lógico es abrir la puerta, porque el coronavirus está de recogida. Viene un puente de plata. Pero no de plata como la Custodia de Juan de Arfe, sino de plata para largarse. Es archiconocida la frase: “Al enemigo que huye, puente de plata”. Se atribuye al Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, si bien es más popular por estar reproducida en el Quijote cervantino. En el Corpus de 2020, el puente de plata no es para que huya el enemigo, sino el sevillano. Y esas fugas llegarán después de las amenazas de Juanma Moreno: si no hay café para todos en la fase 3, no habrá movilidad entre provincias.
EN la desescalada del coronavirus todo el mundo barre para casa, y no ven más allá de su provincia. El cosmopolitismo pasó a mejor vida. ¿A quién se le ocurriría hoy viajar a Nueva Zelanda? Todavía no se puede ir desde Jerez a El Cuervo. Están hablando de establecer corredores seguros para que los alemanes viajen desde su país hasta Palma de Mallorca, donde poseen su segunda residencia. Los germanos no son como los gaditanos, que la tienen en Chiclana. Aquí la gente se ha adaptado al terruño. Ya nadie considera exagerado que salir de Cortadura sea como ir al extranjero. Hasta que, de repente, soltaron que van a permitir los viajes, incluso entre comunidades autónomas, aunque siempre que estemos en la fase 3.
DECÍAMOS ayer que vuelve la Liga, que se reanudará el próximo jueves con un apasionante Sevilla-Betis, y que ya no se hablará con la misma intensidad del coronavirus. Habrá fútbol todos los días, desde el 11 de junio al 19 de julio. Algo así como una cuarentena deportiva. Para que vean el poder del fútbol: resultó que el mismo día en que toda la oposición de Colón (también Ciudadanos) estaba pidiendo la dimisión del ministro Grande-Marlaska, apareció por la tarde el gran Simón en el show de su rueda de prensa, y dijo que estudiarán la posibilidad de que el público vuelva a los estadios antes de que acabe la Liga; o sea, dentro de un mes, o puede que antes.
GRACIAS a la desescalada, que ha tardado tanto, algunas pamplinas están pasando a la historia. Por ejemplo, las franjas horarias. Ha sido una de las ventajas en la fase 2. Las grandes ciudades, las pequeñas y las medianas tienen ya la misma consideración que los pueblecitos como Villaluenga o El Gastor, donde se conocen todos. Gracias a lo buenos que son Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Salvador Illa y Fernando Simón, los cuatro jinetes del coronavirus, la gente ya puede salir a pasear y a correr cuando se le antoje. Y los niños pueden salir con el padre y con la madre (o quienes sean que los acompañen) cuando les parezca oportuno. Es decir, nos hacemos la ilusión de que ya vivimos igual que antes, cuando había una democracia sin mando único. Aunque con mascarillas, no olvidarse de las mascarillas.
SE acabó lo que se daba. Falta una semana. Al coronavirus le quedan siete telediarios. Vuelve el fútbol, y ya no se hablará de otra cosa.Ya no se hablará de Joaquín el de Bélgica, sino de Joaquín el del Betis. Volverá el balón y empieza por todo lo alto, con un Sevilla-Betis como primer partido. Un duelo fratricida, que resultará un poco descafeinado por la ausencia del público. En este caso, para beneplácito del equipo visitante. No es lo mismo sentir el aliento de la afición local (y lo que no es el aliento), o jugar como en un entrenamiento en el estadio vacío. Sin público se oye todo. De modo que si alguien piropea al árbitro desde el banquillo, o le dice “hijo de terrorista” o “señora marquesa”, no hará falta que el cuarto árbitro haga de chivato.