TIENE mucho mérito pasar más de medio siglo en la radio, hablando con un micrófono, llevando información, compañía y cariño a personas que no te ven. Eso es lo que…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
VIAJAR en el AVE desde Sevilla a Madrid (o al revés) es como una ruleta rusa. Te puede salir bien o dejarte tirado. Lejanos quedan los tiempos en que Sevilla fue envidiada por tener la primera conexión ferroviaria de alta velocidad con Madrid. Lejanos quedan los tiempos en que Renfe…
LA culpa de que vaya perdiendo no es del árbitro, que no es el Juez Supremo, ni los jueces del Supremo. La culpa es suya, por ser tan despistado para este juego. Con tantos casos de corrupción, parece que se disputa una partida de ajedrez, cuyo final más probable será…

EN las campañas electorales hay una especial predisposición a las chorradas. Todo se mira con lupa. A Juanma Moreno Bonilla, el candidato del PP, no le perdonan una foto. Y si él empezó con el equipo alineado ante el puticlub Don Angelo para hablar de las tarjetas de la Faffe y criticar los abusos de la Junta, y siguió con la excursión del PSOE de la tortilla, después se la han devuelto con la foto de la comida con Pablo Casado en un McDonalds. Esa famosa hamburguesería no es sevillana, sino americana. ¿Y qué hacía un chico andaluz como él, comiendo esos alimentos yanquis? Menos mal que después se hizo otra foto en una fábrica de polvorones de Estepa junto a Juan Ignacio Zoido. Si es por fotos, no va a quedar la cosa así.
UN gran día para el Ayuntamiento de Cádiz, sí. Ni los más memoriosos del lugar recuerdan algo parecido. Se hermanaban las ciudades de Cádiz y Quito. Al acto acudió Mauricio Esteban Rodas, alcalde de la capital ecuatoriana. Por parte gaditana, estaba el alcalde, José María González, así como los portavoces de PP, Juan José Ortiz; PSOE, Francisco González; y Ciudadanos, Juan Manuel Pérez Dorao. También estaba David Navarro, en representación de Podemos. Todos ellos vistiendo chaquetas, corbatas, y sin vaqueros. Todo en un plan muy protocolario. De ahí que utilice sus nombres oficiales, nada de Kichi, Juancho, Fran y Juanma, como se les llama en familia. Un día feliz, que marcará un antes y un después.
ESTABA cantado, sin necesidad de coro, que el cardenal Carlos Amigo Vallejo iba a tener una calle en Sevilla. Y que sería lo más pronto posible, pues ha tardado demasiado. En realidad, el único problema era dónde. No se trataba de un asunto menor. No es lo mismo que dediquen una calle en un polígono industrial apartado de la civilización hispalense, que en un barrio de los de menos renta de España, o en un lugar céntrico donde el metro cuadrado de calle se trocea y se cotiza por las nubes. Además de que el personaje, felizmente, está vivito y predicando. Casi tan activo de emérito como cuando ejercía de oficio en sede. Se trataba, pues, de un asunto peliagudo.
ENTIENDO que este es un asunto de altísima sensibilidad, pero tampoco hay que escurrir el bulto. En el cementerio gaditano de San José siguen los trámites de personas que buscan a bebés presuntamente robados, o de familiares de víctimas de la guerra civil de 1936. Son gestiones que están justificadas, no sólo por la Memoria Histórica y por los casos de SOS Bebés Robados, sino por la dignidad de esas familias. Sin embargo, la lentitud burocrática, y los trámites necesarios, originan la contrapartida de que el cementerio se ha convertido en un espacio absolutamente estéril para la ciudad de Cádiz. Un lugar desperdiciado junto al Paseo Marítimo, que además no tendrá solución de aquí a un siglo. Y no lo digo por exageración, sino porque es la realidad.
LAS iglesias sevillanas también están sometidas a los vaivenes de las modas. De repente se habla de un templo que está abandonado desde hace años (por ejemplo, la iglesia del convento de Santa Clara), pero después vuelve a quedar tapado por el manto polvoriento del olvido. Es el caso de San Hermenegildo. Con este templo nadie sabe lo que hacer. En realidad, nadie lo quiere. Es un caso en que la Iglesia, por un lado, y el Ayuntamiento, por otro, han jugando al ping-pong, echándose la pelotita unos a otros, de modo que lo mismo sirviera para una capilla o para una sala de arte moderno. Conclusión: no sirve para nada.