CUANDO España ganó en 2010 su primer Mundial de fútbol, en Johannesburgo (República Surafricana), José Antonio Camacho (hasta entonces exfutbolista ilustre y exseleccionador de cuartos de final) pasó a la…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
RESULTA paradójico que en Sevilla se hable y polemice sobre el éxodo del centro y la turistificación, mientras se olvida una de sus consecuencias: la expansión de los suburbios en las periferias. El modelo de vivienda por el que se apuesta en los nuevos suelos remite a un modelo que…
LA gente facha está diciendo: “El sanchismo del PSOE se ha convertido ya en marxismo puro”. Y critican la coalición que los del PSOE han formado con los del Frente Amplio y otros colegas podemitas, comunistas, inquilinas y de variado pelaje para ganar en el Senado. Ah, ¿pero no habíamos…

HOY es un día de fiesta grande para la mejor Sevilla, que es la que respeta y revive su propia historia. Ninguna ciudad fue tan adelantada y apasionada en el dogma de la Inmaculada Concepción. Algunos dirán que no fue la ciudad, sino los sevillanos. Y es así. Pero no se puede desligar del contexto en el que surge, no se puede ignorar que esa devoción prende en el alma de su gente, se transmite al arte y se instala en la creencia colectiva por el lugar y el tiempo en que suceden. El voto de sangre que formula la Archicofradía de Jesús Nazareno en 1615 es mucho más que un juramento; es la voz que clama en el desierto de todos los silencios. Y así, esa llama de amor viva se ha mantenido encendida, como un cirio blanco de pureza que jamás se apagó.
EN tal día como ayer, hace 40 años, organizaron un referéndum entre todos los españoles para aprobar la Constitución. Se había gestado en las Cortes tras muchas discusiones. Fue más difícil de lo que ahora se supone. A esa Constitución le han practicado varios retoques en los últimos 40 años. Casi todos por cuestiones de adaptación. Sin embargo, cuando se habla de reformarla, se cae en el error de intentar modificarla en su esencia. Se olvida que es el fruto del consenso entre las dos Españas, entre la derecha y la izquierda. Por lo cual, para cambiarla, hay que ponerse antes de acuerdo. Siempre que se enfrente a media España contra la otra media, el final ya se sabe cuál es. Había ocurrido así en los dos siglos anteriores.
EN tal día como ayer, hace 40 años, organizaron un referéndum entre todos los españoles para aprobar la Constitución. Se había gestado en las Cortes tras muchas peripecias y discusiones. Fue más difícil de lo que ahora se supone. A esa Constitución le han practicado varios retoques en los últimos 40 años. Casi todos por cuestiones técnicas de adaptación. Sin embargo, cuando se habla de reformarla, se cae en el error de intentar modificarla en su esencia. Se olvida que es el fruto del consenso entre las dos Españas, entre la derecha y la izquierda. Por lo cual, para cambiarla, hay que ponerse antes de acuerdo. Siempre que se enfrente a media España contra la otra media, el final ya se sabe cuál es. Había ocurrido así en los dos siglos anteriores.
HA sido vergonzoso que Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias, dirigentes de un partido parlamentario, nada más conocer los resultados de las elecciones andaluzas, dijeran que había que “tomar las calles y plazas”. Dos días antes de que un grupo de radicales de extrema izquierda quemen contenedores, hagan pintadas en la sede del PP de Cádiz, destrocen comercios, insulten y agredan a periodistas y se líen a pedradas contra la Policía de un país democrático. Esto ya se ha visto en las calles de vez en cuando: en la kale borroka de los pro etarras, en los incidentes de la CUP indepe en Cataluña, o en otros casos. Unos echan la gasolina ideológica y otros prenden la cerilla de la violencia. ¿Así entiende Podemos la democracia?
HA sido vergonzoso que Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias, dirigentes de un partido parlamentario, nada más conocer los resultados de las elecciones andaluzas, dijeran que había que “tomar las calles y plazas”. En Sevilla hubo manifestación hasta las setas, reconvertidas en lugar emblemático de la extrema izquierda. Una manifestación sin permiso “contra los fascistas de Vox”. No pasarán. No ocurrieron incidentes, pero en la protesta de Cádiz (la tierra de Teresa y Kichi) los más radicales quemaron contenedores, hicieron pintadas en la sede del PP, destrozaron comercios, insultaron y agredieron a periodistas y se liaron a pedradas contra la Policía de un país democrático. Esto ya se ha visto en la kale borroka de los pro etarras, en los incidentes de la CUP indepe en Cataluña, o en otros casos. Unos echan la gasolina ideológica y otros prenden la cerilla de la violencia. ¿Así entiende Podemos la democracia?