HA comenzado la temporada media (o algo así) en las playas de Cádiz. Traducido significa que ya va mucha gente a tomar el sol y bañarse. Funcionan algunos servicios, pero…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
HA coincidido el 150 aniversario del nacimiento de Aníbal González con los 100 años de la muerte de Antoni Gaudí. Y con la visita del Papa a Barcelona para inaugurar la torre de Jesús en la Sagrada Familia. Es frecuente que se compare a ambos arquitectos, y que se diga…
LA gente ingenua pregunta: ¿cómo es posible que esté pasando lo que pasa en España y no pase nada? Pues, señoras y señores, porque en este país todo está al revés. Especialmente desde las elecciones de julio de 2023. Vivimos en el país de lo absurdo, donde Franz Kafka, si…

ESTE verano se ha hablado y escrito mucho de las olas de calor. Y de las medidas propuestas por Pedro Sánchez y su Gobierno, como subir la temperatura del aire acondicionado en bares y comercios y prescindir de la corbata. También se han publicado estudios que cifran en más de 4.600 los muertos en España por complicaciones del calor. Ese interés por las devastadoras consecuencias del calor obligaría a reconsiderar la fama de vagos que han colgado a los andaluces. Aumentada desde que Ortega y Gasset publicó el artículo El ideal vegetativo, incluido en su Teoría de Andalucía. La supuesta vagancia andaluza generalmente no se ha vinculado al clima.
Alfonso Caravaca era uno de los gaditanos más importantes, en el sentido pemaniano de la gente importante. Y no sólo porque fue el director del Secretariado Diocesano de Hermandades y Cofradías, sino por ser el presidente de Transportes Comes, una de las empresas gaditanas de referencia. También desarrolló una labor importante, quizá poco conocida, en Fenadismer, la patronal del sector. Sin embargo, como los buenos árbitros de antes, intentaba pasar desapercibido. Que no es lo mismo que inhibirse, pues intervenía siempre que era necesario. Alfonso tenía una habilidad especial para no sobrexponerse, para no buscar una popularidad que no necesitaba.
AQUI la gente es muy criticona, eso ya lo sabemos. Aquí a la gente le dicen: “¡Que viene el tranvía de la Bahía!”, y es como si dijeran “¡Que viene el lobo!”. Un lobo manso, que no muerde. La gente no sabe que este tranvía está muy ensayado, más que una comparsa bien afinada. Según publicó Amaya Lanceta en el Diario, el tranvía había cubierto hasta marzo 165.000 kilómetros de pruebas, de los que 33.000 kilómetros los recorrieron por la vía del tren. Siguen las pruebas. Este tranvía hubiera podido recorrer toda Europa y llegar hasta la gran puñeta. Pero se han dedicado a lo práctico, a ensayar. Si falla, no podrán decir que está en rodaje, ni que se ha debido a la improvisación.
COMPRAR periódicos de papel en Sevilla los domingos de verano es un suplicio. Los quioscos se están perdiendo, además de que cierran por vacaciones. Por otra parte, el lector de periódicos de papel es visto ya como un hombre de las cavernas, un analfabeto digital. Mientras el libro de papel resulta glamuroso, parece que el periódico ya no sirve ni para lo que dijimos. Sin embargo, la gente se queja, como sucedió cuando el quiosco de Curro y Miguel en la Campana, esquina a Sierpes, volvió a abrir sin periódicos ni revistas, sino con souvenirs para turistas. Pasa lo mismo que con el comercio tradicional. La gente dice: “¡Ay, qué pena! ¡Han cerrado la churrería de la Alfalfa!”. “Pero ¿tú ibas allí alguna vez?”. “Yo no, pero me ha dado mucha lástima”.
EL verano es un tiempo que abre paréntesis. A veces recupera una cierta nostalgia. Muchos veraneantes vuelven a las ciudades y pueblos donde nacieron, o donde vivieron su infancia y quizá el primer amor de la juventud. Lugares mitificados, que forman parte de la propia identidad. Resurge la añoranza de volver a ser lo que fuimos y perdimos. El exilio es eso también. La nostalgia de la tierra prometida se aferra a los ancestros del ser humano. La nostalgia está en la Biblia y en La Odisea. Aparece en los israelitas que buscan la tierra prometida, o en la parábola del hijo pródigo que regresa junto al padre. Está en Ulises, que volverá a Ítaca para el reencuentro con Penélope, a pesar de las dulces tentaciones de Calipso.