A la parroquia de Santa Cruz, todo el mundo le dice en Cádiz la Catedral Vieja. Con razón. No sólo por su antigüedad, que procede de 1262. No sólo por…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SOMOS más papistas que el Papa. En Sevilla, una gran parte del mundo cofrade es de bandera pontificia, y gusta que venga el Sumo Pontífice, como pasó con Juan Pablo II en dos ocasiones, y que la Archidiócesis tenga un cardenal, como Madrid y Barcelona, sin ir más lejos. Por…
CONSTRUIR un túnel submarino en el Estrecho de Gibraltar, que conecte España con Marruecos, sería nefasto para Andalucía. Es un proyecto ventajoso para el interés marroquí y ruinoso para los españoles y los andaluces. Por eso, resulta extraño que el Gobierno de Pedro Sánchez recupere ese proyecto, que se planteó…

COMPRAR periódicos de papel en Sevilla los domingos de verano es un suplicio. Los quioscos se están perdiendo, además de que cierran por vacaciones. Por otra parte, el lector de periódicos de papel es visto ya como un hombre de las cavernas, un analfabeto digital. Mientras el libro de papel resulta glamuroso, parece que el periódico ya no sirve ni para lo que dijimos. Sin embargo, la gente se queja, como sucedió cuando el quiosco de Curro y Miguel en la Campana, esquina a Sierpes, volvió a abrir sin periódicos ni revistas, sino con souvenirs para turistas. Pasa lo mismo que con el comercio tradicional. La gente dice: “¡Ay, qué pena! ¡Han cerrado la churrería de la Alfalfa!”. “Pero ¿tú ibas allí alguna vez?”. “Yo no, pero me ha dado mucha lástima”.
EL verano es un tiempo que abre paréntesis. A veces recupera una cierta nostalgia. Muchos veraneantes vuelven a las ciudades y pueblos donde nacieron, o donde vivieron su infancia y quizá el primer amor de la juventud. Lugares mitificados, que forman parte de la propia identidad. Resurge la añoranza de volver a ser lo que fuimos y perdimos. El exilio es eso también. La nostalgia de la tierra prometida se aferra a los ancestros del ser humano. La nostalgia está en la Biblia y en La Odisea. Aparece en los israelitas que buscan la tierra prometida, o en la parábola del hijo pródigo que regresa junto al padre. Está en Ulises, que volverá a Ítaca para el reencuentro con Penélope, a pesar de las dulces tentaciones de Calipso.
DESPUÉS DEL 19-J andaluz, Ciudadanos nos recuerda una novela de Gabriel García Márquez: Crónica de una muerte anunciada. Es como un alma en pena de la política. Se le ve una pinta muy lamentable. Resulta triste, porque es un partido con buenos cuadros. No me refiero a cuadros como los de Velázquez, Goya o Picasso, sino a algunos dirigentes que harían un buen papel en el PP de Feijóo, que es el partido más afín que les queda a mano, y donde les deberían abrir las puertas con generosidad y sin exigencias. Ahora se les plantea la terrible disyuntiva de entonar el gori gori y pasar al cementerio político, o insistir en la perdición hasta sufrir más daños. A ello contribuyen militantes desesperados, de trayectoria ruinosa, como Ignacio Aguado.
UN año más, Cádiz es una ciudad desbordada en agosto. Me refiero sobre todo al Cádiz histórico, a la ciudad de intramuros, que no está preparada para acoger el alto número de visitantes que llega en el tiempo de las vacaciones. Es un problema que ya se padecía, y que se ha agravado este año, hasta alcanzar unos límites intolerables, especialmente los viernes y sábados. Sin embargo, no es un problema puntual. Existen unas causas estructurales. En el casco antiguo de Cádiz faltan aparcamientos. No tantos en invierno, pero sí en el periodo de junio a octubre y fiestas, el de las vacas gordas para el turismo, la hostelería y el comercio.
LAS ratas han vuelto. Este verano hemos leído más noticias de ratas que de medusas. Las denuncias de los vecinos empezaron en las grandes ciudades (Barcelona, Madrid y Sevilla) y después se sumaron otras poblaciones que también reclamaban sus cuotas de raticidas. Mientras se hablaba de una posible crisis de ministros en la Moncloa, y del repartir surrealista de las consejerías en San Telmo, las ratas salían a la luz y presumían de poderío. En tiempos del franquismo se hablaba mucho de las ratas, a las que vinculaban con la pobreza. Afectaban más a los barrios pobres. Pero las ratas de hoy en día ya no hacen distinciones.