HAN llegado, o van a llegar. Glorificadas por unos y maldecidas por otros. Las motos que acuden para el Gran Premio de España de Moto GP 2026, que se celebrará…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
HA favorecido el calendario, por esas curiosidades que regala con los ciclos lunares, que este año el Día del Libro coincida con el jueves de Feria. A ningún librero se le ha ocurrido montar casetas con libros en el Real de Los Remedios, para que el público los compre y…
LA inmigración debería ser tratada con criterios realistas y objetivos. Sin embargo, tanto la extrema derecha como la extrema izquierda incurren en un populismo que ha esparcido tópicos y leyendas. Para colmo, el PP está imitando las posiciones radicales de Vox y el PSOE copia las posiciones radicales de Podemos…

LA propuesta de Podemos para legalizar a los manteros ha mosqueado a los comerciantes. ¿Se imaginan lo que ocurriría en Sevilla? Si están quitando los veladores, ¿cómo van a permitir las mantas? Sobre todo por lo que venden, que mayormente son productos falsificados. En esos negocios ilegales Sevilla ya es una potencia. Y no olvidemos que los pobrecitos manteros son el eslabón más débil de una cadena, que funciona en modo mafioso y se aprovecha de sus necesidades para negocios millonarios. Si esa propuesta la hace otro partido, se hubiera considerado como lo que es, una chorrada impresentable, pero como viene de Pablo Iglesias y sus muchachos, parece que es el amigo de los marginados.
LA Punta de San Felipe es otro de los grandes desperdicios de Cádiz. Se trata de un lugar en teoría idílico, excepto que sople con fuerza el viento de levante. A veces queda mejor en las fotos que en la realidad. Pero, aun con sus peculiaridades, a la Punta le pasa como a casi todo lo marítimo y aprovechable de la ciudad (el castillo de San Sebastián, por ejemplo), y parece gafada. Casi todos los proyectos de la Punta han fracasado. Cuando trasladaron allí la Velada de los Ángeles fue el paso previo a la desaparición. Al botellódromo de la movida se lo cargaron con varias noticias de cruz de navajas al amanecer, como en la canción de Mecano. Así que ha parecido portentoso el anuncio realizado por José Luis Blanco: un hotel de cuatro estrellas, que será el más grande de Cádiz, en Puerto América.
NO hay que ser alarmistas, pero tampoco mirar hacia otro lado. La gente va diciendo lo mismo: “¡Anda que si el incidente de la calle Cuna, con las explosiones y el humo, llega a pasar una semana después!”. Pues hubiera sido mala suerte, sí, porque también pudo ocurrir un 20 de agosto con todas las tiendas vacías. O no. Lo primero es enterarse bien de lo sucedido, que no fue ningún atentado, ni ninguna carrerita motivada por la mala educación de tres niñatos borrachos, sino un sobrecalentamiento global eléctrico de unas instalaciones que provocó dos explosiones, una humareda y levantó cinco arquetas por los aires sin que golpearan a ningún peatón.
HUBO una calle Columela en Cádiz que no se parecía a la de ahora: la de Crédito Rucas, el Bazar España, Vicente del Moral, el bar Madrid o la librería Cerón, por citar sólo algunos comercios. El tiempo se los ha llevado a todos por delante. Puede que las siguientes generaciones recuerden a esta calle por Zara, Mango, Springfield, Women’secret y esos establecimientos que existen en todas las ciudades. Detrás de ese cambio comercial está el devenir de muchas familias, las generaciones que abandonaron los comercios heredados de sus padres; o simplemente la ruina de los años, las deudas que agobiaron. Con frecuencia nos invade una nostalgia por lo que perdimos. Aunque quienes más se lamentan suelen ser los que jamás compraron nada en esas tiendas.
PERDIÓ su vida para que otros la salvaran. Socorrió a los necesitados. Cumplió con su deber hasta el sacrificio personal. Era un cabo primero de la Guardia Civil, de 53 años, uno más, llamado Diego Díaz. Ayer fue honrado en Guillena, en un sepelio solemne, cargado de emociones, al que asistieron autoridades que no le conocían, junto a vecinos que sí le conocían y familiares que le han llorado. Su féretro fue paseado a hombros de guardias civiles, recubierto con una bandera de España, mientras en el aire de una mañana de marzo (fría aunque soleada) los sones de la marcha fúnebre de Chopin rompían el silencio en fragmentos. Honor y tristeza ante lo inevitable.