ALGUNAS noticias se repiten en Cádiz cada medio siglo, o incluso antes. Parece como si la ciudad viviera en una historia cíclica. De modo que, al revisar periódicos de siglos…
LA derrota del Cádiz ante el Sevilla puede parecer engañosa. Al minuto 90 se había llegado con empate. Fue un duelo competido, en el que el Cádiz tuvo aspectos buenos…
SE celebra mañana la Fiesta del Trabajo. O como se denomine ahora. Esta celebración ha tenido una evolución palpable en el último siglo. En los tiempos de Franco era el día de San José Artesano. Después, cuando llegó el color y la democracia, el 1 de mayo era la gran…
LA inmigración debería ser tratada con criterios realistas y objetivos. Sin embargo, tanto la extrema derecha como la extrema izquierda incurren en un populismo que ha esparcido tópicos y leyendas. Para colmo, el PP está imitando las posiciones radicales de Vox y el PSOE copia las posiciones radicales de Podemos…

EN Riad, capital de Arabia Saudí, las cosas de palacio van despacio. En eso se parecen a Cádiz. Por fin, el príncipe heredero, Mohammed Bin Salman Bin Abdulaziz Al-Saud, ha firmado el contrato que pactaron el pasado mes de abril en Madrid. Un contrato conseguido gracias a la mediación del rey Felipe VI y su padre Juan Carlos, cuando todavía era presidente del Gobierno Mariano Rajoy. Precisamente la entonces ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, fue la que intercambió el acuerdo de intenciones. El contrato es famoso, porque aportará una inversión de 1.880 millones de euros y facilitará cinco años de carga de trabajo en el astillero de Navantia en San Fernando, con 6.000 empleos directos e indirectos.
SE podría decir que el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, tiene una flor como la que cultivaba con éxito Johan Cruyff. Todo le sale bien. A diferencia de quienes parecen gafes, es lo contrario: un talismán. Entre sus mejores especialidades están los premios y congresos. Todos vienen a parar a Sevilla. Ha conseguido los Goya (que tienen premio por partida doble), pero también los premios de Cine Europeo, y los Max, y los Forqué, y los Ondas, y cualquier cosa que se le ocurra, donde haya faranduleo y lucimiento mediático. En los Goya tiene el glamour garantizado el próximo febrero, a un trimestre de las elecciones municipales. Y sin problemas: los indignados estarán callados, ya que es una fiesta de su agrado.
HA pasado por Cádiz Soraya Sáenz de Santamaría, dentro de la campaña que han organizado los del PP contra los del PP. Fue agasajada en el Hotel Atlántico por la plana mayor, que la apoya incondicionalmente. Y ha sido muy comentado el regalo que recibió: una camiseta del Cádiz CF, con la inscripción de su lema de campaña: SoraYA! y el número 1. Se la entregaron entre Juancho Ortiz y Antonio Sanz, mientras Teófila Martínez y otros militantes aplaudían. A unos les ha parecido bien, a otros les ha parecido mal, y a mí me ha parecido arriesgado.
ALGUNOS activistas tratan a los árboles peligrosos como si fueran las víctimas de un desahucio. Será por la costumbre, o porque participan los mismos. Cualquier día podríamos ver indignados de Podemos y Unidos encadenados a un plátano o una palmera. Yo no sé si se puede podar mejor, o no. También ignoro si algunos de los árboles enfermos se pueden ahorrar la eutanasia. Ha sido polémico lo que ocurrió el lunes en la avenida de Cádiz, donde llegó el director de Parques y Jardines, Adolfo Fernández, como si fuera el juez de guardia, para decir que no apearían 16 de los 18 árboles que iban a desahuciar. Conste que esto es más difícil de lo que parece. Espadas no es un desalmado, sino que a veces los árboles se caen como si sufrieran lipotimias. El calor les sienta fatal.
LOS chiringuitos se han copiado de la Costa del Sol malagueña. En Cádiz, hace medio siglo, no había chiringuitos propiamente dichos. El bar Jerónimo, en estos tiempos, hubiera sido el chiringuito Jerónimo. Pero entonces era el restaurante-bar Jerónimo, situado a pie de playa, a la altura de la actual calle Neptuno, en la arena, que casi todos los años se inundaba cuando llegaban las mareas de Santiago o los temporales de septiembre; y no pasaba nada, la gente seguía comiendo el pescaíto frito, y nadie le echaba las culpas a la Demarcación de Costas. Los chiringuitos han llegado después, copiados de Torremolinos y Fuengirola, donde los había a manojitos en sus paseos marítimos para comer chanquetes y espetos de sardinas.